1. Toma de contacto
Comenzamos con una primera entrevista para conocer qué ha motivado la consulta, quiénes utilizan el espacio y qué necesidades o expectativas existen respecto al proyecto.
Esta primera conversación nos ayuda a situar el punto de partida y a identificar qué aspectos conviene explorar con más detalle a lo largo del proceso.
2. Comprensión de las necesidades
En los proyectos individuales o familiares profundizamos en las características de las personas mediante entrevistas y herramientas específicas de valoración. Exploramos la personalidad, el procesamiento sensorial, los hábitos, las necesidades funcionales y las preferencias, para comprender cómo cada persona utiliza y experimenta su entorno.
También tenemos en cuenta las preferencias estéticas y decorativas, porque un entorno no solo debe responder a necesidades funcionales y sensoriales, sino también resultar coherente con quienes lo utilizan, con sus gustos, su manera de vivir y aquello que quieren que ese lugar transmita. Cuando se comparte, analizamos además dónde coinciden las necesidades de las distintas personas, dónde difieren y cómo podemos encontrar un equilibrio entre ellas.
Cuando el proyecto se desarrolla en el marco de una organización, un servicio o un entorno profesional, el enfoque es diferente. No se trata de realizar una valoración individual de todas las personas usuarias, sino de comprender las necesidades que pueden aparecer en ese contexto, las características de la población a la que se dirige, las actividades que se desarrollan, la experiencia de los equipos profesionales y las distintas situaciones que se producen en el día a día.
En estos casos, también exploramos la identidad y los valores de la organización, qué quiere transmitir a través de sus espacios y qué experiencia desea ofrecer a las personas que los utilizan. Esto nos ayuda a concretar qué necesidades debe favorecer y qué situaciones conviene reducir o evitar antes de realizar el análisis físico. definir con mayor precisión qué deberá facilitar, favorecer o evitar el entorno antes de pasar a su análisis físico.
3. Análisis del espacio
Analizamos cómo funciona el espacio en la práctica actual, atendiendo a sus dimensiones, distribución y recorridos, así como a la iluminación, la acústica, la temperatura, la carga visual, el mobiliario, el almacenaje, los materiales y la relación entre los distintos usos.
Exploramos también qué funcionalidades debe ofrecer, qué aspectos funcionan actualmente y cuáles generan dificultades, porque no basta con observar cómo está configurado: necesitamos comprender qué se espera de él en la vida cotidiana.
Nos interesa identificar tanto aquello que conviene modificar, como reconocer qué funciona y qué merece conservarse.
4. Elaboración de la propuesta
A partir de la información recogida, ponemos en relación las necesidades identificadas con el análisis del espacio y definimos los criterios que orientarán la propuesta.
La propuesta concreta qué conviene mantener, modificar, retirar o incorporar, establece prioridades y explica el sentido de las decisiones planteadas. No se trata únicamente de introducir cambios, sino de que cada intervención responda a una necesidad o a un objetivo previamente identificado.
Según las características del proyecto, podemos abordar aspectos como la distribución y los recorridos, el mobiliario, la iluminación, la acústica, el color, los textiles, el almacenaje, los materiales, la carga visual, la privacidad, las posibilidades de regulación, la orientación dentro del espacio o la relación entre diferentes usos y actividades. También tenemos en cuenta la identidad que se quiere transmitir y la experiencia que se desea favorecer.
5. Implementación y seguimiento
Una vez definida la propuesta, acompañamos su implementación para que los objetivos y criterios establecidos se trasladen de forma coherente a la realidad del espacio.
Cuando los cambios pueden abordarse dentro del ámbito de Limbic Studio, podemos llevar a la práctica los ajustes relacionados con la adaptación sensorial, funcional y estética, desde la reorganización del entorno hasta la selección e incorporación de los elementos necesarios.
Cuando el proyecto requiere la intervención de profesionales de la arquitectura, el interiorismo, las instalaciones u otras especialidades, Limbic Studio puede integrarse en el equipo que ya esté trabajando en él o, si es necesario, ayudar a encontrar a los profesionales adecuados. En ambos casos, la coordinación permite mantener presentes las necesidades detectadas y los objetivos definidos durante todo el desarrollo del proyecto.
Una vez implementados los cambios, realizamos un seguimiento para valorar cómo funcionan en la práctica y si responden a lo esperado. Este proceso permite detectar posibles ajustes y valorar, junto con las personas que utilizan el espacio, si las decisiones adoptadas están dando respuesta a las necesidades identificadas.
Modalidad de trabajo
Trabajamos prioritariamente online. Todo el proceso, desde la toma de contacto y la recogida de información hasta la elaboración de la propuesta y el seguimiento, puede realizarse a distancia.
Para analizar el espacio trabajamos con fotografías, vídeos, medidas, planos y otra documentación disponible, además de la información que recogemos durante las diferentes fases del proceso.
Cuando las características del proyecto lo requieren, o cuando una visita presencial puede aportar información relevante, incorporamos esta posibilidad para observar directamente el entorno, comprender mejor su funcionamiento y completar el análisis.
La modalidad se adapta en cada caso a las necesidades del proyecto, manteniendo siempre el trabajo online como punto de partida.